13 de junio de 2016

Torre Don Fabrique




     Viajaremos a tierras de Andalucía, más concretamente al interior del convento de Santa Clara en Sevilla, donde una leyenda, o más bien podríamos decir historia de amor prohibido rodea la denominada Torre Don Fabrique.

     Si nos centramos en la leyenda, empezaría con el rey santo Don Fernando III....
     Tras la muerte de su esposa Doña Beatriz de Suabia, contrajo segundas nupcias con Doña Juana de Pontiheu, aunque había una gran diferencia de edad, (Fernando contaba con 50 años y Juana con 17), el matrimonio se llevó a cabo, aunque eso sí, con fines políticos, sin olvidarnos del sobrenombre que acompañaba al rey, “el santo”.
     Tras la conquista de Sevilla, se trasladarían desde Toledo y se asentaron en el Alcázar de Sevilla, poco años más tardes, el rey moriría, quedando la joven Juana viuda; tal y como acompañaba la tradición mantendría el duelo encerrada y rodeada de las murallas del Alcázar, saliendo a pasear por los jardines tan maravillosos que aún conserva en su interior.

      A la compañía de sus doncellas, habría que añadir su afición a la cetrería; en uno de estos días que dedicaba su tiempo a lanzar su halcón a la caza, sería el día que llegara al Alcázar Don Fabrique, hijo menor de Fernando III, dedicado a la protección de las fronteras de Granada y Málaga de los moros, se acercó a presentar sus respetos a la reina.
     Ambos compartían su amor por la cetrería, sin embargo, el halcón de la reina solo podía atacar las palomas que se acercaban por los alrededores, Don Fabrique le recomendó salir a la orilla del río y comprobar la buena caza que lo rodeaba.


     Tales salidas serían vistas como inapropiadas para una reina que debía estar rezando por el alma de su esposo, en lugar de pasear junto a un mozo y disfrutar de los único que le permitían (la cetrería), ya que sus propios hijos eran educados y criados por otras personas de la Corte.
     El tiempo pasaría y con él llego el invierno, a Don Fabrique se le ocurrió mandar construir una torre para evitarla estar a la intemperie y bajo los días de frío.


     Tal construcción fue definida como torre defensiva, la definición no esta mal enfocada, sino fuera porque en el lugar de ubicación no era necesaria, ya que solo había campo, como era de esperar no serían pocas las habladurías de la verdadera intención de la torre, y no tardaría en llegar la quejas al rey Don Alfonso X, su hermano mayor.






     El rey, consciente de los continuos paseos y uso de la torre, se trasladaría con gran parte de la Corte a Toledo, de alguna manera pretendía enfriar poniendo leguas de por medio, los ojos y lenguas que tanto Fabrique como Juana atraían.
     Sin embargo, sería el propio pueblo quien castigara a la pareja; cada vez que salían a pasear a través del camino que recorrían, puertas y ventanas se iban cerrando bruscamente a su paso.
     Y el colofón final se llevaría a cabo el día del santo de la reina, el 24 de julio de 1255, para celebrarlo organizaría una comida, siendo invitados como era normal, figuras de la iglesia, de la nobleza, de las ordenes militares y aquellas que tuvieran representación en Sevilla; al parecer, el “todos a una” sería la frase tomada para que ni una persona apareciera a tal banquete.


     Tomada la indirecta, la reina decidiría marchas junto a sus hijos hacia Francia.
     Nadie veía con buenos ojos que una mujer pudiese amar de nuevo, y menos una reina viuda, sin poder amar libremente y sin poder casarse con quien amaba, embarcaría rumbo a Cádiz, eso sí, no dudaría en mirar una última vez hacia esa torre donde una persona se despedía de ella.


                                                                          

  • Algo más sobre la Torre:



"Esta torre es fabrica del magnifico Fadrique, podrá llamarse la mayor alabanza del arte y del artífice: a su Beatriz madre le fue grata esta prole del rey Fernando, experimentado y amigo de las leyes. Si deseas saber la era y los años, ahora mil doscientos y noventa y dos (1252) ya existía la torre serena y amena llena de riquezas."

     Las tierras donde se ubica la Torre, al igual que otras casas, pertenecían a Don Fabrique como repartición tras la conquista de Sevilla.
     Donadas más tarde por Alfonso X a la Orden de Calatrava en 1269 como castigo por la rebelión de Don Fabrique contra su propio hermano.
     En 1289 serían donadas por Sancho IV a las monjas de Santa Clara, donde construyeron un Monasterio.
     Actualmente es propiedad del Ayuntamiento de Sevilla, el cual ha actuado en la restauración, acondicionamiento y limpieza de gran parte del entorno de la Torre; visitas guiadas y distintos espectáculos nos hacen disfrutar de este lugar lleno de encanto y leyenda.
     Considerada Bien de Interés Cultural y declarada Monumento histórico-artístico.  

Si queréis más información sobre sus visitas guiadas, espectáculos..., podéis visitar: www.onsevilla.com




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